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¿Pueden coexistir diversos modelos productivos en la actividad agrícola en Colombia?

 

Los retos de la agricultura colombiana en el siglo 21 son enormes. Según los pronósticos de la OECD y la FAO, la demanda por alimentos y bioenergía seguirá expandiéndose a tasas altas en las próximas décadas, jalonada  sobre todo por las economías emergentes del Asia, Este de Europa, América Latina y Africa.

También Colombia participa de esta dinámica. El ingreso per cápita en Colombia ha venido creciendo sostenidamente en la última década y con ello la clase media que demanda más y mayor calidad de alimentos y energía.

Sin embargo, la agricultura colombiana no ha respondido todavía a estos retos con contundencia. En efecto, el sector viene creciendo sistemáticamente por debajo del crecimiento del PIB total, y por eso su participación va en 6,2% (DANE,2011), cuando hace una década era del 8%. 

La agricultura colombiana utiliza hoy en día 5,3 millones de hectáreas de un potencial de 22 millones. Pero el potencial de la agricultura no es solo por la disponibilidad de tierra, es también por el resto de la oferta ambiental: agua y clima, y  la población rural que, a pesar del proceso migratorio a las ciudades, todavía representa el 25% de la población total. El subdesarrollo del campo se refleja en los altos niveles de pobreza en el campo (47%), los cuales son muy superiores a los de las ciudades.

Tanto  desde el lado de la demanda como  de la oferta de factores productivos están dadas las condiciones para que la agricultura colombiana dé un salto en su crecimiento a través de un mayor uso de la tierra disponible y de un aumento  de la productividad.

Ese camino no es único, puesto que la agricultura colombiana es altamente diversificada en su producción y en la combinación de factores productivos que utiliza (Tierra, Capital, Mano de Obra).

Hay regiones como la altillanura con abundancia de tierra y escasez de mano de obra. Allí las tecnologías intensivas en capital pueden aprovechar las economías de escala y lograr producciones competitivas de maíz, soya, palma, forestales y caucho, entre otros. Por supuesto, que para ello se requiere un esfuerzo público-privado en investigación para mejoramiento del suelo y de variedades productivas resistentes a plagas. El esfuerzo del sector privado que consiste en invertir recursos y tecnología debe estar precedido del esfuerzo público de garantizar los derechos de propiedad de la tierra, liderar el desarrollo de la infraestructura de conectividad y mantener la seguridad en la región. 

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